Neurociencia simple para transformar el rendimiento deportivo (un libro de Silvina Jozami)
Capítulo 1: Transformación del atleta
¿Cuánto puede cambiar un atleta? (sobre los límites personales)
Muchos padres buscan esta respuesta cuando acercan a sus hijos a un nuevo entrenador.
Es imposible saber exactamente cuánto podrá cambiar una persona, lo que está claro es que siempre se puede mejorar y los límites de esta mejora son personales.
Nuestro cuerpo, y en especial nuestro cerebro, no es rígido, sino que tenemos posibilidades de cambio. Hoy en día se sabe que disponemos de un proceso continuo de regeneración neuronal (neurogénesis) y que dicho proceso, sumado a la neuroplasticidad, brinda el ambiente adecuado para la adaptación.
Experiencias que promueven cambios
La niñez es la etapa en la que más aprendizaje experimentamos, dada una ventana temporal que se denomina periodo crítico, donde el cerebro está muy receptivo. Ejemplos son los lenguajes que se aprenden fácilmente de chico y cuestan mucho más de grande.
De adultos, nos encontramos fuera de esta ventana temporal, pero gracias a la plasticidad cerebral podemos seguir aprendiendo, tal vez a un ritmo más lento, pero lo hacemos. Lo principal al aprender de adultos es emular la actitud de los niños: tener una disposición personal para el aprendizaje y la superación.
Esta frase es motivadora pero difícil de llevar por una razón: el principio de supervivencia que rige nuestro funcionamiento. En todo momento, nuestro sistema intentará ser eficiente energéticamente. Esto se traduce en repetir acciones para reducir el gasto de energía.
Errar es humano
Es inviable pensar en un proceso de aprendizaje sin cometer errores. Son los que nos marcan el camino por donde continuar el crecimiento.
Hay un autor que explica dos perspectivas sobre el error. Una, en la que el error define a la persona y su valía está basada en la ausencia del error. En este enfoque, equivocarse se relaciona con no tener las capacidades necesarias o no ser suficientemente bueno. Este grupo se denomina mentalidad fija, trabaja desde el AHORA.
En la vereda opuesta, estan los que creen que las habilidades se pueden desarrollar, que estan en un proceso, y como toda transformacion, no es estatica. Lo que no funciona hoy, quizás sí mañana. Esta perspectiva del NO TODAVÍA permite procesar los errores y aprender de ellos para corregirlos.
Los que trabajan desde el AHORA evitan exponerse a situaciones que no controlan, para evadir sentirse criticados o no lo suficientemente talentosos, mientras que los del punto de vista NO TODAVÍA, se aventuran a lo desconocido aceptando las equivocaciones como parte del proceso.
Cuando se encuentra en la perspectiva del ahora, un error se traduce en enfado, frustración, recriminación.
Si esto te sucede, estás en la perspectiva de la mente fija.
SUGERENCIA: cambiar el reproche por feedback. Evitar valorar la acción como buena o mala y solo expresar lo que se observa (p. ej., movimientos lentos, pies descoordinados, etc.).
Al no jugar la acción como positiva o negativa y solo emitir la observación, tenemos la información de los cambios que necesitamos hacer.
Patrones de pensamiento
Existen patrones de pensamiento tóxicos que dificultan la evolución del atleta. Estos suelen concentrarse en la falta de capacidad personal de ellos mismos, en la obligatoriedad de hacer todo perfecto, en la necesidad de cumplir ciertas expectativas o en la exigencia de ganar como único objetivo. A través de estos pensamientos se ejerce presión sobre el atleta, lo que dificulta cualquier aprendizaje.
Hay que trabajar en identificar patrones de pensamiento nocivos y cambiarlos por los apropiados. Esto es recurrente y lleva tiempo, hasta llegar a un punto donde los patrones mentales se habrán transformado. Y pensar distinto trae aparejado actuar distinto.
Capítulo 2: La información
¿Cuántos atletas con excelentes condiciones físicas y técnicas no alcanzan un nivel de alto rendimiento?
Sin lugar a dudas, la diferencia entre un atleta de élite y un aficionado no es solamente su gran condición física, sino también una perfecta coordinación entre muchos factores; uno de estos es la selección de información.
Los atletas de élite tienen estrategias de búsqueda visual avanzada, logrando captar una mejor calidad de información. Estos atletas logran una armonía y coordinación entre todos sus sistemas que los hace ser más eficientes, ya que no solo encuentran la mejor calidad de información sino que lo hacen en menor tiempo.
¿Cuáles crees que son las magnitudes de tiempo a las que me estoy refiriendo? ¿Minutos, segundos? Son milésimas de segundo.
Estas milésimas de segundo, permiten una gran diferencia a nivel de procesamiento y ejecución de la respuesta.
Conceptos: lateralidad de los atletas y ojo dominante en el tenis. Cómo descubrir tu ojo dominante (googlear prueba del triángulo).
Capítulo 3: Emoción
Que las emociones sean capaces de tomar el control de nuestro comportamiento tiene una explicación científica, y se debe a la anatomía cerebral. Nuestro cerebro es el resultado de la unión de tres cerebros diferentes que se fueron formando en distintos momentos evolutivos:
- El primero fue el cerebro instintivo, encargado del control del metabolismo y funciones básicas (mantener niveles de glucosa, oxígeno en glóbulos rojos, presión sanguínea, frecuencia cardíaca). Responsable de conductas automáticas, no siente emociones.
- Luego, se añadió el cerebro emocional. Capaz de emitir respuestas emocionales y almacenar experiencias pasadas. Activa el cerebro para huir, pelear o paralizarse. También encargado de la supervivencia, pero desde otro punto de vista: evitar el dolor y repetir el placer.
- Con la incorporación del tercer cerebro, el racional, se desarrollaron los lóbulos posteriores y anteriores. Esto permitió el procesamiento de información sensorial, la resolución de problemas, la toma de decisiones, la planificación de situaciones futuras, entre otras cosas.
La aparición del cerebro racional supuso un cambio trascendental, ya que adquirimos la capacidad de flexibilización. Hasta ese momento los cerebros instintivos y emocionales producían respuestas automáticas: eficientes y rápidas, pero siempre iguales. La conciencia nos brindo la posibilidad de realizar cambios, eexponernos a nuevas situaciones, y por lo tanto adquirir nuevas habilidades.
A pesar de que los tres trabajan integrados, lo hacen a velocidades diferentes. El instintivo y el emocional son los más rápidos, los primeros en tomar el control cuando llega la información. Significa que nuestras primeras respuestas están guiadas por la parte emocional e instintiva, y que pueden ser rectificadas luego al intervenir nuestra parte racional.
Para salirnos de las respuestas automatizadas frente a una situación, necesitamos la razón. A través de esto podemos cambiar nuestras sensaciones. No se anulan las emociones, sino que mediante un planteo racional se puede llegar a cambiar una emocionalidad por otra o gestionarla para que sea más productiva.
¿Está bien sentirse nervioso antes de una competición?
El estrés previo a una competición prepara nuestro cuerpo para luchar. Activa la musculatura, lo predispone al movimiento y a la acción. Puede ser negativo si se vive mucho tiempo antes del inicio de una competencia, por ejemplo, puede alterar el descanso.
Otro caso donde puede ser perjudicial, es cuando hay un desbalance entre las demandas percibidas y las capacidades del atleta. Aquí cabe remarcar la dificultad de esta percepción en el deportista para ser consciente de ella como para cambiarla.
Estrés como facilitador
Al comparar atletas de élite con aficionados, se percibe que el estrés es para algunos un facilitador, mejorador de rendimientos, mientras que para los otros es un limitante.
Al parecer, la diferencia es la manera en que se enfocan en su vida deportiva. Los atletas de élite se focalizan en mejorar el desempeño; se centran en sí mismos, no en ganar a sus rivales. Claro que quieren ganar, pero el foco es mejorar. Este enfoque a la búsqueda de autoperfeccionamiento incrementa la confianza en sí mismos, y cuanto mayor es la confianza, menor es el estrés que experimentan.
Una persona con confianza en sus capacidades, que cree en sí misma, percibe la competición como un reto.
Distinta es la persona que busca la aprobación de los demás (padres, entrenador, compañeros). En estos casos no existe la necesidad de mejorar el rendimiento, sino solo de salir victorioso. Cuando se está centrado en el exterior y no en uno mismo, la autoconfianza suele ser baja. Esto trae niveles de estrés altos y poco manejables.
Muchas veces la confianza del deportista está relacionada de manera errónea con el rival con el que compite y varía de acuerdo a quien tiene enfrente. Hay una valoración previa del rival, las posibilidades son: mejor, igual, o inferior.
Si suponemos el caso de catalogar al rival como inferior, llegas a la competencia confiado, quizás te beneficie, pero solo hasta que tu rival salga victorioso de una situación. Como la confianza depende de un juicio sobre el adversario y no de sus capacidades, la confianza inicial se transforma en inseguridad, dudas, rabia y frustración. Aumenta la posibilidad de cometer errores y eleva el estrés.
El posicionamiento más conveniente frente a un rival es el de respeto. Hay que tener en cuenta que el rival que está enfrente tiene sueños muy parecidos, realiza sacrificios y entrenamientos tan duros como los míos. La clave es basar la confianza en mis capacidades y respetar al contrincante.
Supervivencia
Durante una competencia puede que esté en juego la aceptación de un deportista en un determinado grupo, adquirir reconocimiento, posicionarse.
Los buenos resultados son una forma de generar respeto, pero no la única. La entrega incondicional en los entrenamientos, como la tenacidad y la actitud durante las competencias, independientemente de los resultados, también genera respeto.
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